Reflexiones sobre la tragedia.

Estos días he visto muchas publicaciones en redes sociales de gente quejándose de las actitudes de otras personas ante la tragedia que trajo el sismo del 19 de septiembre, criticando a quienes están continuando con la vida cotidiana “como si nada”, sólo por verlos en las calles, comiendo en restaurantes o haciendo sus actividades regulares, como si eso significara que no les importa nada de lo que pasó o que no han ayudado.

Pero, realmente, el continuar con la vida cotidiana hace que ciertos sectores de la economía se reactiven más rápido. No sólo quienes perdieron sus viviendas o están teniendo que desalojar por precaución han sido afectados. También la gente que vende comida en las calles, los meseros que viven de las propinas, quienes se dedican al turismo, los taxistas, quienes viven al día, las fondas a las que van a los trabajadores, las tienditas y muchísimos casos más. 

Entiendo que cuando acaba de ocurrir un evento así, hay mucha adrenalina y euforia, frustración por no saber cómo ayudar y preocupación por los afectados. Pero hay muchas maneras de ayudar y no todas implican que dejes de realizar tus actividades cotidianas, que en muchos casos ni siquiera se puede. Además, la ayuda y apoyo a quienes están situaciones críticas y que requieren atención debería ser PERMANENTE.

He observado que estos días se está sintiendo un gran orgullo por ser mexicanos derivado de ver a la gente unida para ayudar y porque se han hecho cosas extraordinarias para apoyar a quienes han sido afectados por el terremoto. Sin embargo, yo no veo este tipo de acciones en la mayoría de la gente en la vida cotidiana. Sí veo muchas injusticias, discriminación, marginación y ante esto, indiferencia de parte de muchos. Por otro lado, el orgullo se da por méritos propios, no puedes estar orgulloso de las acciones virtuosas de otros, tienes que participar tú.

En estos días se te pide cuestionar tu privilegio de tener un techo bajo el cual dormir, de estar vivo y bien, con el objetivo de hacerte reflexionar y ayudar a los damnificados del sismo. Pero nuestros privilegios, en general, deberíamos cuestionarlos TODO EL TIEMPO, no sólo porque haya habido un desastre natural.  Y  deberíamos estar conscientes de cómo nos beneficiamos de ciertas circunstancias que afectan a otros negativamente.

Hay muchas conversaciones que deberían estar ocurriendo acerca de diferentes situaciones que ocurren en la sociedad. Hay demasiadas necesidades que deberían ser atendidas que no son provocadas por los desastres naturales. Hay muchas personas en circunstancias marginales en la vida diaria. Y demasiada inconsciencia.

Quisiera ver menos gente sintiéndose moralmente superior por haber llevado víveres y expresado en facebook su solidaridad con los damnificados.
Quisiera ver más gente cuestionándose TODOS sus privilegios y creencias, criticando a los grupos de poder  y dinámicas de la sociedad objetivamente (y no sólo a los individuos superficialmente), luchando por la justicia social y educándose en temas que afectan a grupos oprimidos. Quisiera que se ampliara la perspectiva que tiene la gente sobre su entorno y que creciera el sentido de comunidad.

Espero que después de que pase la situación de emergencia por el terremoto, más gente se de cuenta de que hay muchas más situaciones de emergencia, que muchos viven circunstancias trágicas a las cuales no se les da suficiente importancia, aunque no haya terremotos. Y (espero) que también nos solidaricemos en esos casos.

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