¿Qué es la cultura de la dieta?

012C6E20-CABD-465F-A38B-2C1D18B4D157.jpegTal vez  la frase “cultura de la dieta” te suene extraña, si nunca has oído hablar de lo que significa, sobre todo porque es un concepto del cual se ha escrito y hablado casi únicamente en inglés, ya que ha sido explorado más profundamente en países como Estados Unidos o el Reino Unido.

Y considero que es importante que comencemos a hablar de la cultura de la dieta en lugares como México, donde también hay muchas personas que están inmersas en ella.

Entonces, ¿a qué se refiere esa frase? Creo que aún no hay una definición formal, pero en general, es la suma de todas las cosas que nos hacen obsesionarnos con la comida y el peso, con cómo bajar de peso y con las elecciones personales que hacemos respecto a lo que consumimos.

¿Con qué frecuencia has visto anuncios o artículos  vendiéndote la idea de que bajar de peso es lo que debes hacer para ser más feliz, sana o atractiva? Diciéndote que para lograrlo debes restringir el consumo de alimentos y a veces, eliminar algunos de ellos totalmente. Todo eso es parte de la cultura de la dieta.

Aunque la palabra “dieta” se refiere a la alimentación que llevamos, mucha gente entiende “dieta” como un medio para bajar de peso. Y aunque este tema es gran parte de lo que provoca la cultura de la dieta, no se limita sólo a eso.

También se trata de las elecciones que la gente hace sobre los alimentos que consume, asignándole carácter moral a la comida. Se le asignan valores de “bueno” o “malo” a los diferentes alimentos, como decir que las ensaladas son buenas y las pizzas malas. Entonces, con base en estas elecciones, se cree que ciertos estilos de vida son buenos y que otros no.Aquí  hay otros ejemplos de cosas y temas que conciernen a la cultura de la dieta:

  • Sentir ansiedad por no saber si tus elecciones de comida son buenas o malas.
  • Creer que vales menos por la forma y tamaño de tu cuerpo, o al revés, que vales más por lo mismo.
  • Utilizar frases como “me porté bien” cuando se habla sobre haber evitado consumir algún alimento.
  • Anuncios que muestran a mujeres delgadas sonriendo mientras comen algo “light”.
  • Testimonios de gente que bajó de peso y sus respectivas fotos de “antes y después”.
  • Decir que ciertos alimentos que te gustan son “placeres culposos”.
  • La frase “eres lo que comes”.
  • Seguir reglas externas sobre qué se debe comer, cómo y cuándo.
  • Creer que quien restringe su alimentación (o alguna otra forma de autocontrol), tiene un carácter fuerte.
  • Publicidad y promociones para gimnasios y planes de dieta para año nuevo.
  • Creer que la palabra “gorda” es un insulto y “delgada” un halago.
  • Justificar tus elecciones de comida.
  • Hacer ejercicio como castigo por haber comido cierta cosa, en vez de hacerlo por el deseo de sentirte bien.
  • Sentir culpa después de comer.
  • Ignorar señales internas de tu cuerpo (hambre, saciedad).

La cultura de la dieta es el resultado de una industria multimillonaria que se dedica a convencernos de que nuestros cuerpos están mal (lo cual deriva en que los despreciemos) y vendernos la solución (dietas, planes detox, membresías de gimnasio), haciéndonos creer que, para poder ser felices, debemos transformarlos, haciéndolos más pequeños, entre otras cosas.

Es tan común escuchar conversaciones sobre kilos perdidos y métodos para bajar de peso, ver gente estableciendo conexiones interpersonales basadas en esos mismos temas y celebrando a los cuerpos delgados, que puede ser complicado darnos cuenta de qué tan inmersos estamos en ella y los efectos dañinos que tiene.

Y, ¿por qué es dañina la cultura de la dieta?

La cultura de la dieta no está aislada de otros sistemas de opresión.

Es una dinámica social en la que se trata a la gente de manera desigual, y frecuentemente coincide con otros problemas como el racismo, el sexismo, el clasismo y otras formas de discriminación, como la discriminación contra la diversidad funcional.

El valor de “buenas” o “malas” que tienen ciertas elecciones de alimentos, tiene que ver con los significados que existen alrededor de ellas. Por ejemplo, una dieta basada en carbohidratos suele asociarse con la gente pobre, como algunas personas que hacen trabajos físicos y necesitan la energía y que no tienen tiempo de preocuparse por lo que comen. Por otro lado, la elección de comidas basadas en plantas, invoca a un estilo de vida más saludable y se asocia con gente más estable económicamente.

También está el tema de que la mayoría de los productos que ofrece la industria de la dieta y de la “belleza”, van dirigidos a mujeres. ¿Qué onda con eso?

Contribuye a los problemas de autoimagen y autoestima.

Hay muchas razones por las que podemos tener problemas de autoimagen y autoestima. Pero estar constantemente recibiendo los mensajes de la cultura de la dieta, incrementa esos problemas que experimentamos en la vida diaria y vuelve aceptable el odio al nuestro cuerpo.

La cultura de la dieta promueve comportamientos relacionados con diferentes desórdenes alimenticios. Las personas con desórdenes alimenticios, diagnosticados o no, son víctimas de la cultura de la dieta.

¿Cómo lidiar con la cultura de la dieta?

Una vez que te das cuenta de qué implica la cultura de la dieta, es difícil no ver todas las maneras en las que está presente en tu vida y la de otros y todos los efectos negativos que tiene. Lo que sigue es resistir.

Algunas cosas que puedes hacer:

  • Sé más consciente de qué valores morales le asignas a tus elecciones en cuanto a comida.
  • Habla menos sobre lo que comes y por qué.
  • Si haces ejercicio, enfócate en los beneficios que tiene para tu bienestar en general, no en los efectos físicos exteriores.
  • Deja de hablar mal sobre tu cuerpo y el de otros.
  • Reflexiona antes de emitir juicios sobre tus elecciones y las de otros en cuanto a su dieta o actividad física.
  • Come igual de bien en diciembre que en enero.
  • Escoge tus comidas porque te gustan y satisfacen, en vez de por la cantidad de calorías que tienen.

La resistencia se trata de hacer la paz con tu propio cuerpo, de ir en contra de las creencias que nos impone la sociedad, de conocernos y escuchar a nuestro cuerpo, de cuestionar las enseñanzas que hemos recibido toda la vida. Porque nos merecemos algo mejor.

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